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Mostrando entradas de agosto, 2022

Mamá...

9 de febrero de 2013, el día de mis esperados 15 años, a las 3:30 de la mañana me despertó el fuerte movimiento de la cama. Me levanté asustada pensando que temblaba, pero me asusté aún más cuando ví que la realidad era mucho peor que eso. A escasos centímetros de donde yo estaba, mi mamá convulsionaba. Como pude intenté despertarla pensando que con eso acabaría todo. Se levantó muy desorientada, casi sin poder mantener el equilibrio caminó hacia el baño sosteniéndose de las paredes y encendió un cigarrillo. Encendí la luz de la habitación y fui tras ella temblando. "Hija, llama a los vecinos para que pidan una ambulancia", me dijo. Con ayuda de la marcación rápida pude comunicarme, pues mis manos no me respondían lo suficiente para poder marcar. No supe bien qué dije, pero me habían escuchado gritar minutos antes y supieron que algo andaba mal. Mamá pasó del baño al cuarto otra vez y gritándome que volviera a llamar se desplomó muy rígida sobre la cama, el cigarrillo cayó al...

Arena...

  Arena… I H ace mucho tiempo en Arabia, entre las dunas podía distinguirse un pequeño pueblo y en lo alto de una pequeña montaña se erigía un gran palacio, con altas torres de paredes blancas y techos de cúpula de oro, a través de los ventanales se observaba un interior de oro sólido. Era la morada del poderoso y malvado sultán Akbar, que se veía danzar con un atuendo de seda azul bordado en oro, un pantalón blanco y un turbante adornado con un gran rubí en el centro. Sobre su labio superior, dos largos y puntiagudos bigotes se extienden a lado y lado de su rostro. A cada lado de las columnas que soportaban el castillo se veían esclavos, aproximadamente un centenar de ellos en total, todos alineados en el corredor con sus cadenas en los tobillos, sosteniendo comida, ropajes y demás mientras el sultán bailaba por el corredor hacia una habitación en la cual, sobre una gran cama con tendidos de seda lo esperaba seductora una doncella con piel del color de la canela, ojos color ...

La vieja taberna

 Cayó la noche en la vieja taberna. Todos comían, bebían y movían las cabezas al ritmo de la música mientras golpeaban las mesas de madera con sus grandes vasos de cuerno bajo la luz de las antorchas y el aire se llenó con ese particular olor a piel, alcohol y sudor que sólo podían expedir esos corpulentos hombres de la montaña. Salí de mi puesto detrás del mostrador para estirar las piernas, pues el frío me helaba ya los huesos que ya traqueaban bajo la ropa. Hacía más de tres meses que las tormentas de nieve no daban tregua, el piso de toda la plaza estaba completamente congelado, las botas de piel eran un arma de doble filo pues lo que tenían de cálidas lo tenían de inestables, así que había que fijarse dos veces antes de pisar. La plaza, que se encontraba entre el camino y un espeso y oscuro bosque, era un lugar común de encuentro en el pueblo. En el espacio semicircular en el que confluían las fachadas de los comercios podían verse pequeños campamentos con sus respectivas ...

Fullmoon

En el cielo la luna llena brillaba más que todos los meses. Tara se alejó de la ventana, apagó el fogón y sacó un pan con una cubierta crujiente en la que se podían observar semillas de ajonjolí y algo de orégano y lo metió en una canasta, se puso la capucha de su túnica y salió. -“Praesidium”, murmuró Tara mientras cerraba la puerta y caminó hacia el noroeste, el camino al bosque. No sin antes fijarse que nadie estuviese observando , pues por aquellos meses ya habían ahorcado y quemado a varias de sus amigas en Essex (Massachusetts) sólo por verlas salir bajo la luna llena. A unos cuántos bloques de distancia, Melian empacaba en una canasta igual a la de Tara una botella del vino más fino al cual tuvo acceso aquella tarde en la plaza. Cerró bien todas las puertas y ventanas, por último, cerró la puerta tras de sí no sin antes cubrirse el cabello con su túnica.     -“Praesidium”, murmuró. entonces se dirigió también al bosque, pero esta vez hacia el suroeste. A to...