Fullmoon
-“Praesidium”, murmuró Tara mientras cerraba la
puerta y caminó hacia el noroeste, el camino al bosque.
No sin antes fijarse que nadie estuviese observando, pues por aquellos
meses ya habían ahorcado y quemado a varias de sus amigas en Essex
(Massachusetts) sólo por verlas salir bajo la luna llena.
A unos cuántos bloques de distancia, Melian
empacaba en una canasta igual a la de Tara una botella del vino más fino al
cual tuvo acceso aquella tarde en la plaza. Cerró bien todas las puertas y
ventanas, por último, cerró la puerta tras de sí no sin antes cubrirse el
cabello con su túnica.
-“Praesidium”, murmuró. entonces se dirigió
también al bosque, pero esta vez hacia el suroeste.
A todo el este del pueblo, Payne y
Rose alistaban un par de velas blancas y rojas, un poco de sal, una manta en
una canasta, agua y flores que Rose había escogido especialmente de su jardín
en otra. Las ramas las recogerían en el camino junto con un par de bayas.
-"Apúrate Rose, se nos hace tarde y Morgan nos
está esperando junto con las demás para la ceremonia". Dijo Payne.
-"Estoy haciéndolo lo más rápido que puedo,
cierra tú". Respondió Rose.
- "Está bien, sal sal".
Salió entonces Rose con ambas
canastas mientras Payne cerraba el portón.
-“Praesidium”, murmuró por tercera vez Payne y ambas
se cubrieron con sus capuchas mientras avanzaban en dirección al bosque.
Justo en la entrada se encontraron las cuatro, se abrazaron
el silencio y avanzaron en línea guiadas por Payne y tratando de no hacer mucho
ruido, pero era difícil pues en la cola iba Rose arrancando bayas y ramitas y
metiéndolas en una canasta.
-“Ssshh”, exclamaba Payne de vez en cuando.
-“Sssh nada, este era tu trabajo, pero estabas
muy ocupada coqueteando en la panadería para hacerlo, ahora me toca a mí”.
Payne enfureció y empujó a Rose un par de metros hacia atrás
con un hechizo.
“Wooow, wooow, Payne!”, “Vaya, a veces sí que
pareces hermana de Morgan”. Exclamó imprudente Tara.
A lo que Payne le lanzó una mirada enfurecida, sabía que
Tara no le temía tanto como Rose. Melian, por su lado, trataba de llevarse bien
con todas así que rara vez se entrometía en situaciones así, era demasiado
sumisa para ello. Sin embargo, esto no la hacía menos poderosa, pero Payne y
Morgan consideraban que tanto ella como Rose estaban desaprovechando su
potencial al ser tan blandas.
Payne era consciente de que su personalidad era más fuerte
que la de las demás, por este motivo se autoproclamaba la líder de las cuatro,
aun cuando su hermana era la líder del aquelarre. Sin embargo, Morgan era mucho
más despiadada y sólo Payne era capaz de enfrentarla, es por esto que las demás
no tuvieron ningún problema en aceptarla como líder, aunque muchas veces no estuvieran
de acuerdo con sus acciones. Todas eran conscientes de que Payne jamás las
había dejado desprotegidas.
Llegaron por fin a un claro y en medio de este se encontraba
otra mujer con una túnica completamente negra. Murmuraba frases inteligibles
frente a una hoguera, a los lados de la cual se hallaban dos mesas con manteles
blancos, una a cada lado en diagonal, como formando una punta y en una de
ellas, en la derecha, había un gran cáliz de plata con incrustaciones de rubí
en el borde, una gran bandeja de plata adornada con unas cuantas ramas de
romero y una gran vela negra al lado derecho.
“¿Por qué tardaron tanto?”, preguntó la mujer
sin darse vuelta. Era Morgan.
-“Eso no importa, lo importante es que ya todas
estamos aquí”, le respondió seriamente Payne.
-“Espero que por lo menos hayan traído todas
las ofrendas”, continuó.
-“Claro que sí. Rose y yo trajimos la sal, las
velas, el agua, las ramas y los frutos; Tara trajo el pan y Melian trajo el
vino”.
-“Bien, ya saben cómo ubicarlas en las mesas
entonces. Cuando terminen vengan por aquí, quiero mostrarles la ofrenda que
encontré hoy y con la cual tendremos nuestro festín cuando la luna alcance su
punto más alto”.
Las cuatro dispusieron sus ofrendas en las mesas como
acostumbraban siempre. Rose agarró las ramas que había cortado en el camino y
formó un pentáculo que adornó con las flores y bayas en todo el centro de la
mesa de la izquierda. Tara puso el agua a la izquierda de este y el pan al lado
derecho. Melian puso el vino al lado del cáliz de plata en la otra mesa y Payne
le entregaba a cada una una vela. Por último, agarró la vela negra y se dirigió
con todas hacia donde estaba Morgan con su ofrenda. Al llegar la encontraron
frente a una cabra blanca y negra de tamaño mediano muy carnosa, que tenía las
patas amarradas.
“¿Qué opinan?”, preguntó Morgan, “¿acaso no es perfecta para
la noche de hoy?”
-“Wow, tienes razón. A los dioses les gustará
mucho la ofrenda y nosotras comeremos como reinas”. Respondió su hermana en un no tan disinulado intento de agradar.
“Lo sabía. Ahora… Tara, ayúdame a llevarla a
la hoguera mientras Payne hace el círculo de sal”, ordenó.
Payne le entregó la vela negra a Morgan y se dispuso a hacer
su tarea, pero mientras estaba dibujando el círculo escuchó un ruido en los
arbustos. Se quedó escuchando un rato para ver si el sonido se repetía y al ver
que no, supuso que había sido una liebre. Aunque quiso ir a mirar, Morgan la
llamó antes de que pudiera dar un paso.
Era hora de iniciar el ritual, la luna ya casi estaba en su
punto más alto. Así que Payne se acercó al centro del círculo y todas encendieron
sus velas al mismo tiempo, dieron un paso hacia atrás, quedando a igual
distancia una de la otra, levantaron sus velas y pronunciaron versos prohibidos
que hasta el día de hoy le helarían la piel a cualquiera, pusieron las velas en
el suelo y dieron un paso al frente otra vez.
Morgan sacó una daga de diamante
curva de su túnica y atravesó a la bestia que chilló fuertemente, aturdiéndolas.
Payne volvió a escuchar el sonido en los arbustos, pero no vio nada. Morgan le abrió abdomen completo al animal y llenó el cáliz
con la sangre, untó su mano y se pintó la cara. Humedeció también una rama de
ruda y roció con el líquido a cada una de las asistentes mientras les dibujaba
runas en la frente con la sangre que quedaba en sus dedos susurrando versos
ininteligibles: la vieja oración de luna llena que por siglos se había
utilizado en los rituales para honrar a los dioses y hacer peticiones. Dio un sorbo del cáliz y lo pasó a las demás, que la
imitaron y al volver a sus manos puso lo que sobraba de nuevo en la mesa.
Después de esto, puso a la bestia en las
brasas hasta que estuvo bien asada con ayuda de la magia de todas y la sirvió
en la bandeja de plata, hizo aparecer unos platos y unos vasos de cuerno con su
magia, vertió lo que quedaba en el cáliz sobre la carne y sirvió vino en los
vasos mientras cada una agarraba su porción en su plato y cenaron.
Al terminar el festín, Tara hizo aparecer unos deliciosos
pays de manzana y galletas; Melian, con una mano, hizo aparecer en la palma de
la otra una buena cantidad de hongos para todas, mientras que Rose había hecho
aparecer una gaita, una flauta y tambores que sonaban por sí solos y se
pusieron a bailar. Estaba todo ya bastante
distorsionado cuando Payne volvió a escuchar el ruido en los arbustos, pero
esta vez vio salir a un cazador que les apuntaba. En el rostro del hombre Payne
pudo reconocer a uno de los Draghi, una de las familias más poderosas y adineradas
de todo el pueblo.
“¡Morgan!” Gritó Payne, y en ese mismo instante el
hombre disparó. Morgan alcanzó a detener la bala con magia y la hizo caer al
piso, y con una risa malvada estranguló al hombre sin siquiera tocarlo. Pero
entonces escucharon otra detonación cerca de la hoguera y cuando voltearon a
ver ya era demasiado tarde, la bala había atravesado a Melian justo por el
estómago y sólo alcanzaron a verla caer indefensa mientras un rayo partía el
cielo en dos desatando una tormenta. Morgan no pudo controlar la ira y dando
una pisoteada fortísima en el suelo lo hizo temblar. Al segundo, un minotauro
saltaba por entre los arbustos en dirección al segundo hombre, en el que Payne
pudo reconocer a otro de los Draghi, le arrancó la cabeza de un mordisco y se
alejó entre los árboles hasta desvanecerse.
Recogieron todo lo que pudieron y corrieron por el bosque
con Melian en hombros hacia la casa de Payne, Rose y Morgan.
“Esto no se quedará así”, exclamó la líder.
“¿A qué te refieres? ¿Qué piensas hacer?”, le preguntó Rose inocentemente, en su voz podía verse que estaba asustada.
“Voy a buscarlos, hay algo en sus caras que
me resultó familiar”.
“Eran Eagon y Aco Draghi", respondió Payne. Para cuando el sol salga, su desaparición estará en boca de todo el pueblo, pero… ¿qué hacían ahí?”
“Los Draghi son bien conocidos por ser cazadores innatos, esos dos aprendieron a cazar liebres antes que a ir al baño”, dijo Rose.
“Bueno, ya descubrimos que no matan solamente
liebres y venados…”, dijo otra vez imprudente Tara.
“Quédense aquí cuidando a Melian, ya
regreso”, dijo Morgan ientras se ponía de nuevo la capucha de su capa.
“¿A dónde?”, preguntó Rose preocupada.
“Al bosque”, y salió sin decir más.
“Vaya, vaya… ¿quién lo diría?, los Don Juanes
del pueblo resultaron ser los peores asesinos de la historia”, dijo Morgan para sí misma.
Procedió entonces a desnudar también
a Aco sólo para cerciorarse de que también tuviese la marca en su hombro
derecho. Al encontrarla, quemó también sus ropas y no fue sino hasta que la
fina tela se hubo consumido completamente que arrojó los cuerpos sin vida a las
llamas también, había que desaparecer cualquier rastro de que ambos habían
estado allí. Comió un poco de pay y galletas de las que
aún quedaban en la mesa mientras esperaba que las brasas hicieran su trabajo,
luego tomó las armas de ambos hombres, dio unos cuantos pasos y exclamó
“Exciperent”, entonces todo lo que se encontraba en el claro desapareció y
Morgan emprendió su regreso a casa con el alba a cuestas, pero
cuando llegó la encontró rodeada de cuervos que sobrevolaban y se posaban
alrededor así que temió lo peor. Suspiró y volteó los ojos mientras negaba con
la cabeza.
Mientras tanto, Payne y Rose seguían
cuidando de Melian, que ya había logrado abrir los ojos, pero había perdido
tanta sangre que aún se encontraba muy débil para moverse. A su lado yacía Tara
profundamente dormida y Payne estaba sentada al lado de ambas mientras Rose
peleaba con los cuervos que intentaban entrar por las ventanas y la chimenea.
“Fuera, aves tontas, aquí no hay nada para
ustedes”, repetía Rose mientras corría detrás de ellos agitando una escoba. Payne
sólo reía de lo cómica que era la situación de su amiga.
-“Deja de reírte y ayúdame, no te haría daño
mover un dedo de vez en cuando”.
Y justo cuando Payne se disponía a iniciar una discusión se
abrió la puerta y Morgan cruzó el umbral.
-“Evanescere”, gritó, y los pájaros desaparecieron. –“Veo que a ambas
les hace falta practicar, no recuerdan ni siquiera los encantamientos más
sencillos, pero ya habrá tiempo para hablar de eso después, ahora tenemos otras
prioridades, por lo tanto, les suplico que olviden sus diferencias por un par
de horas, estoy cansada de escucharlas pelear todo el día como un par de niñas
pequeñas”.
-“¿Pasó algo en el bosque?”, preguntó Rose ansiosa.
-“Bueno, quemé las ropas y los cuerpos y luego
me encargué de recoger todo. No sin antes notar que nuestros queridos vecinos,
los Draghi, son cazadores de brujas y seguramente son ellos los que han estado
detrás de la desaparición de todas las demás. Con los siglos que lleva ese clan
haciendo de las suyas, no tardarán en entender qué fue lo que sucedió y van a
empezar a buscarnos como los cuervos que había hace un segundo”.
Rose palideció, desde hacía un par de meses sostenía un
romance con Eagon y había estado a punto de confesarle la verdad sobre su
naturaleza en varias ocasiones, pero esto claro no podía decírselo a sus
amigas. El día antes habían discutido porque Eagon le había propuesto una cita
y por obvios motivos tuvo que rechazarlo, por eso estaba tan alterada durante
la víspera al ritual. ¿Lo sospecharía y habría estado tratando de tenderle una
trampa? Eso era algo que ahora no podía saber, pero de una cosa estaba segura:
estaba gradecida por no haber podido estar allí.
“¿Qué te pasa, Rose, estás bien?”, preguntó Payne.
-“Eh… ¿qué? Sí, eso creo, sólo me tomó por
sorpresa la información… Vaya, qué horrible, jamás lo habría imaginado”, dijo
-Y pensar que casi nos expongo de semejante manera… -, pensó.
“El plan es el siguiente: no quedan
demasiadas mujeres en el pueblo que puedan ser sospechosas así que pronto
descubrirán que fuimos nosotras, así que lo más prudente es empacar y huir lo
más pronto posible. Lo mejor sería hacerlo hoy mismo, pero no creo que Melian
esté lo suficientemente fuerte para ello, así que tendremos que ser pacientes”, les explicó Morgan.
“¿Huir? Uy, qué valiente…”, respondió Tara en
tono burlón, pero Morgan hizo caso omiso –“¿Tú no estabas dormida?”.
“Además sería muy sospechoso desaparecer todas
tan rápido, no. Si eran parte de una familia de cazadores es porque el resto de
ellos saben qué estaban haciendo una noche de luna llena en el bosque, no
podemos exponernos así. Tenemos que mantener la cabeza fría por un par de días
mientras se calman las aguas y luego huiremos”, reflexionó Payne.
-“Vaya, me sorprendes, a veces sí pareces mi
hermana”.
-“No empieces, no soy tu sombra”.
-“Ay, pero qué sensible estás por estos días… no pensé que fuera tan malo ser mi familia”.
“Ya dejen de discutir ustedes también y vamos a
dormir, nos espera un largo día tratando de definir qué hacer”, interrumpió Rose.
“Tienes razón”, dijeron las hermanas al unísono y se
dispusieron a organizar todo.
Tara empezó a recoger sus cosas.
-"Ya se está haciendo tarde, creo que es mejor
que me vaya a casa a descansar también”.
-“No seas tonta, si hay algo que no debemos
hacer ahora es separarnos, aquí hay espacio suficiente para todas, las camas
son grandes. Tú quédate conmigo, así evitas que estas dos te saquen los ojos”, le dijo Rose tiernamente mientras la conducía a su cuarto. Le acomodó unas almohadas y una
manta y le prestó un camisón. En menos de una hora estuvieron todas dormidas y
en la casa reinaba una paz sólo interrumpida unas horas después por los ruidos
de la vida cotidiana: cascos de caballos y ruedas sobre el asfalto, el canto de
los pájaros, cuchicheos y gritos. Eran casi las diez cuando por fin se
despertaron para escuchar al joven que daba las noticias a pocas calles de su
casa avisar la desaparición de los hermanos y la jugosa recompensa que daba su
padre por sus hijos o la cabeza de los culpables: 50 dólares, que en aquel
entonces eran demasiado.
Rose fue la primera en levantarse, pues había tenido
pesadillas con Eagon y su familia toda la mañana. Veía la casa completamente
consumida por un fuego azul en el que veía la cara de su enamorado sonriendo
malévolamente. Era el mismo sueño una y otra vez. Así que decidió levantarse y
hacer un rico desayuno para todas: pancakes con jalea de mora o miel a
elección, huevos revueltos con tocino, chocolate, ensalada de frutas y muffins
de arándanos adicionales sólo para Melian. No sólo amaba cocinar, sino que era
su manera de controlar la ansiedad. Cuando tuvo todo listo en la mesa las
despertó a todas con una pequeña campanita, había que estar fuertes y enérgicas
para enfrentar lo que se venía.
Esa misma tarde se escucharon varios gritos de mujeres,
nuevas víctimas de los Draghi que en medio de su desesperación buscaban a las
culpables de la desaparición de Eagon y Aco.
-“Esto es inconcebible… Malditos bastardos,
asesinos de mujeres inocentes”. Refunfuñaba Morgan.
-“¿Cuál es el plan entonces?”, le preguntó Tara.
-“Primero necesitamos que Melian esté fuerte,
no sabemos si tendremos que correr ni qué tan lejos tendremos que ir”.
-“Estaba pensando que podíamos ir a Salem,
donde tía Mary”, propuso Payne. “Siempre ha tenido los brazos abiertos para nosotras,
seguro que estará encantada de recibirnos”.
-“Puede ser una buena opción, no es muy lejos y
es alguien de fiar que además puede ayudarnos mucho, sin embargo, necesitamos
ponernos de acuerdo todas”, dijo Rose.
Mientras las hermanas se ponían de acuerdo,
Tara agarró la bola de cristal que estaba en la mesa al lado de alféizar de la
ventana, cerró los ojos y pronunció unas palabras en latín. La bola le mostró a
un señor de edad pero robusto con la cabeza blanca, sentado en una gran sillón
en una gran sala con un pijama roja y medio vaso de algún licor al que le daba
un sorbo cada tanto. Miraba fijamente una chimenea.
-"Muchachas, creo que deberían ver esto…"
Afuera se escuchaban todavía gritos
de auxilio, caballos galopando a toda velocidad y voces masculinas que gritaban
“interróguenlas y si no confiesan, quémenlas a todas”. El pueblo estaba
totalmente conmocionado, pues los desaparecidos eran nada más y nada menos
que los primogénitos de Stephen Draghi, el hombre más rico y poderoso del
pueblo después del alcalde e hijo de Danthos Draghi, el fundador del clan de
cazadores de brujas más importante de América del Norte. Las jóvenes sabían de
la existencia del clan, lo que ignoraban era su origen y prevalencia.
Además de los mellizos, el señor
Stephen sólo tenía tres hijas, las cuales eran víctimas de los peores tratos
por parte de su padre y sus hermanos, aun así, esto
no impedía que fueran las muchachas más refinadas y delicadas de todo el
pueblo. Más bien debían serlo para conseguir un buen marido, sino su vida sería
un infierno mucho peor. Por el otro lado, Eagon y Aco eran la luz de los ojos
del señor Draghi, pues eran su fuente de desarrollo económico y filial, además
de ser su única descendencia capaz de continuar con el legado que llevaba
tantos años en su familia. En cuestión de un día, los hombres de Stephen Draghi
habían acabado con más de la mitad de las mujeres de Essex sólo buscando a sus
hijos, sin mencionar la cantidad de mujeres que ya habían desaparecido en los
meses anteriores y que ahora las cinco sabían que se debía a ellos. El hombre
estaba completamente loco de dolor y sólo encontraba consuelo haciendo sufrir a
los demás. No sentía un dolor así desde que encontró a su padre calcinado en
una hoguera de fuego rojo.
"WOW… Esa sí que es una historia turbia…" dijo Tara sorprendida.
Era urgente que las cinco lograran salir de allí antes de
que fuera demasiado tarde, así que Morgan, Payne, Rose y Tara discutieron un
par de horas sobre la situación mientras Melian aún reposaba. Esta última ya
podía sentarse, comer, ir al baño y hablar un poco, sin embargo, su tono de voz
seguía siendo bastante débil y su semblante todavía parecía el de un cadáver.
Al final de la discusión, las cuatro decidieron que en definitiva lo mejor era
ir a la casa de tía Mary pero no partirían si Melian no estaba de acuerdo, así
que le comunicaron la idea y esta declaró estar de acuerdo con el poco aliento
que tenía, por lo cual Rose decidió ir al mercado completamente cubierta y
comprar salchichas, pierna de cerdo, lomo de cabra, leche, huevos, papas,
queso, frutas y vegetales para hacer un almuerzo que lograra hacer que su amiga
se pusiera en forma lo más rápido posible. Mientras estaba cocinando murmuró
“Remedium”, “Sublevare omnia mala”, “Sanitatem cibum”, y luego sirvió para
todas, alegando que todas necesitaban estar fuertes cuando en realidad sólo
buscaba aliviar su propia ansiedad.
Luego de haber comido, todas estuvieron completamente
alentadas de nuevo, era hora de empacar todas sus pertenencias. Payne aprovechó
el momento para contactar a la tía Mary mediante el fuego así que se dirigió a
la chimenea y susurró “Communicare” mientras visualizaba con los ojos cerrados
la cara y la ubicación de la tía Mary y de repente apareció un rostro femenino
poco definido en las brasas y de entre las llamas salió una voz:
-“Saludos, qué lindo que es verte niña mía,
¿cómo estás?, ¿está tu hermana contigo?”
-“A mí también me alegra mucho verte tía. Sí,
Morgan está aquí conmigo, junto con otras tres amigas”.
-“Me alegra que no estén solas”. -A
Payne le extrañaron las palabras de su tía, “¿sabía lo que había sucedido?”,
pensó, pero no le dio mucha importancia y siguió hablando:
-“Así es tía, pero esta vez te contacto porque estamos en verdaderos apuros, y Morgan, mis amigas y yo necesitamos irnos de aquí lo más pronto posible”.
-“Sí, estoy al tanto de la situación, tuve una visión en la mañana. El último tren desde Essex hacia Salem sale a las siete”.
-“En el último tren será entonces, muchas
gracias tía”. Le respondió Payne con un brillo infantil en su rostro que sus compañeras rara vez, o quizás ninguna, habían visto antes, pues era seria y parecía estar siempre enojada.
-“No hay de qué, además a una vieja
solitaria como yo le hará mucho bien la compañía de cinco hermosas jóvenes
llenas de alegría como ustedes. Voy a preparar todo para cuando lleguen, las espero
en la estación”. Y habiendo dicho esto se desconectó de la comunicación.
-“Bueno, parece que todo está más que
arreglado, a terminar de empacar”, le dijo Payne a todas y tuvieron todo listo a las
cinco de la tarde, justo a tiempo para salir hacia la estación. Trataron de
tomar todas las precauciones posibles al salir, pero justo a medio camino Morgan les pidió que continuaran sin ella,
que las alcanzaría después y se dirigió, sigilosa, a la casa de los Draghi. Una
vez allí, escondida entre los arbustos, susurró “Ignis” levantando las manos al
cielo y mirando fijamente a la casa, vió entonces como un fuego magenta
consumía la mansión y se alejó corriendo antes de ser vista.
Llegó a la estación
con el tiempo justo para abordar el tren con sus amigas y su hermana.
“¿Dónde estabas?” preguntó Payne.
“Encargándome de un último asunto antes de partir”, le
respondió.
Cuando el tren arrancó, alcanzaron a ver por la ventana una bandada de cuervos volando en dirección a su casa
seguidos por los hombres de Draghi en sus fieros caballos, segundos después,
visualizaron cómo unas llamas azules consumían la fachada de todo lo que un día
había sido suyo. Era tal como Rose lo había soñado unas horas antes, y desde su
ventana alcanzó a ver el rostro de su amado entre las brasas. Entonces el tren se alejó entre las montañas con las cinco
jóvenes hacia Salem, donde su tía las esperaba para cuidarlas e instruirlas
ya que era una bruja de 450 años, hermana del padre de Morgan y Payne, que se
había mantenido oculta de la Iglesia y los cazadores cambiando de apariencia
cada tanto, por ende tenía la experiencia necesaria y le gustaba la idea de
poder formar a cinco poderosas brujas en caso de que un día les tocara
enfrentarse de nuevo a los que serían los nietos de su gran amor.
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