El cirujano

 Me encontraba trabajando en una habitación de mi casa perfectamente adecuada como quirófano. Primero hice los planos cefalométricos correspondientes para la cirugía, luego procedí a hacer los trazos en el rostro, sin embargo, esta vez me resultó más difícil de lo normal. 

Cuando por fin me sentí conforme con el diseño, procedí a aislar la habitación del ruido y la luz externa. Organicé el instrumental, acomodé los espejos y me instalé. Anestesié el nervio facial y comenzó la operación. En los ojos del paciente podía ver que estaba nervioso a pesar de su consentimiento y sus manos comenzaron a temblar, pero continué igual. La sangre empezó a correr por el rostro, sin embargo no sentí nada.

La operación terminó exitosamente, me acerqué al espejo y no podía creer lo que había logrado, lo que hasta hace unas horas fue un rostro deforme para mí: armónico y perfectamente proporcionado, hoy se asemeja a esas bestias a las que toda mi vida soñé parecerme: feral, sangriento. Ahora soy el mismo por fuera y por dentro. 


Por: Nathaly C. Posada


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