El fin de la tregua
“Feliz cumpleaños”, te escribí terminando con un corazón. Hacía poco habíamos hablado de la vida, del amor, de la soledad, de los años, del pasado y del futuro. Habíamos hecho una tregua para sanar, parecía apropiado saludar. No lo era. El resultado fue el de siempre: estabas borracho y en tu afán de no decir las cosas mal, no entendiste que hay cosas que es mejor no decir e insististe a pesar de que te pidiera que no.
Y terminé de la misma manera
que las últimas tres mil y una noches. Ya perdí la cuenta de los techos que he
mirado en la oscuridad escuchando el playlist en el que te retraté un
día y que hasta hoy sigue creciendo porque nunca encontré una mejor manera para
traducirte y todo lo que un día quisimos decirnos además de mis letras, y es
que van tantos años que este libro ya cuenta 15 páginas, ¿será digno de ser
llamado libro?
Sin darnos cuenta se nos pasó
la vida construyendo una historia de despedidas y dolor en las entrañas con
cada palabra mal dicha sin saber por qué motivo, no puede ser posible que sea
sólo el deseo lo que nos haya mantenido unidos por tanto tiempo. ¿Será esta la
despedida final? Si es el precio que tengo que pagar por no ceder, no me queda
de otra que asumirlo, aunque se me desprenda el alma del cuerpo en el proceso,
porque no es justo que siempre sea yo quien deba disponer para igual salir
perdiendo.
Nueve horas y 45 minutos de
reproducción, exactamente una hora por año y descubro que el dolor es el mismo
de siempre, causado por los mismos motivos. ¿Me lo merezco por pensar que un
día algo cambiaría a pesar de los precedentes? “Soldado avisado no muere en guerra”,
reza el refrán y yo estaba más que advertida de que mis sentimientos jamás
serían correspondidos, para la muestra estas páginas.
Este reencuentro sólo fue una
recaída causada por el pensamiento recurrente de que en esta vida no hay nadie
más para mí, en mi eterna encarnación de Frida colombiana de la cual no me
enorgullezco. Me esperan años de inseguridades por sanar, para intentar
recuperar las sonrisas y la seguridad que perdí cuando te conocí y dejar de utilizar a otros
para cerrar una herida que sólo puedo curar yo.
También perdí la cuenta de las
veces que vi salir el sol cantándole y escribiéndole a este amor. Sólo me queda
recoger los pedazos de mi corazón pulverizado por tantos años de golpe tras
golpe. Mirándote a los ojos veo reflejada a la vieja yo y todo nuestro pasado. Somos
los mismos, pero hemos cambiado. Estando tan cerca hay una barrera invisible
que nos separa y aunque lo intentemos no podemos tocarnos. Sin decir una sola
palabra, pero entendiendo que este es el final de la tregua, con un desgarrador
solo de guitarra de fondo agachamos la mirada y continuamos en diferentes direcciones una vez más...
Este escrito hace parte de un texto antológico, de ahí las "15 páginas".
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