Sor Clarice Brontë Posada
Siento muchas ganas de desgarrarme las cuerdas vocales con un
grito salido de lo profundo de mi pecho, pero no tengo voluntad. A duras penas
tengo fuerzas suficientes para llorar y llorar. Duele la soledad en las fiestas.
La vida ajena no tiene por qué detenerse ante la pausa de la propia, sin
embargo, qué bonito sería que alguien por fin se quedara por voluntad. De todos
modos, empiezo a hacerme a la idea de que quizás eso no suceda. Cómo cuesta
levantarse, moverse, sentirse válida. ¿Estaré exagerando?, ¿me estaré
victimizando más de lo necesario? No sé hasta dónde sea drama, ni el decoro de
mis palabras sólo la influencia de las antiguas páginas que me acompañan. Lo
único que sé es que siento mucho dolor. Todo el tiempo. En todo el cuerpo. En
toda el alma.
No logro entender qué quiere enseñarme todo esto. Sólo
quiero cerrar los ojos y restaurar el sistema a una última versión donde nada
de esto haya pasado. Para mí la vida se detuvo, hoy me siento una carga, un
peso muerto, un ser inútil e insignificante. No es el dolor físico, es todo lo
que me ha traído. Me duele el alma. Y la pierna. Sé que es temporal, pero la
vida necesita vivirse día a día y el presente me está enloqueciendo.
Hace unos meses encontré la libertad, pero ayer se me volvió
a escapar y me asusta no volverla a hallar. Necesito apagar este perpetuo estado
de alerta porque mi espalda se está convirtiendo en piedra y mis mejillas arden
por la amargura que las baña, pero conservo la esperanza de que después de toda
esta tormenta llegará una cristalina y refrescante calma. Todo se trata de
dejar correr ese río que me inunda y me desborda para poder volver a ver con
claridad. ¿Volver? Si es que alguna vez lo he hecho. Quiero que se caiga ya
esta venda, este bloqueo. Sé que nada está bien, pero necesito aferrarme a la falsa
idea de que sí para no dejarme caer a ese pozo de brea que por poco me alcanza, y corro mientras el suelo bajo mis pies se resquebraja.
Es así pues como a través de la palabra, verborragia, exhibo las dos partes de mí: una extremadamente sensorial, otra cavilante y reflexiva. ¿Es ‘cavilante’ una palabra aceptable? No me importa, de todos modos, el lenguaje es fluido y se modifica según la vivencia y la intención del hablante. Maravillosa habilidad comunicante del Homo sapiens. Tanto qué agradecerte, Torre de Babel, que a través del caos, creas y te conviertes en refugio del incomprendido. Vida, si me escuchas, háblame. Enséname tu lenguaje para que pueda entenderte. Si mi intuición falla y mis ojos no funcionan, susúrrame y yo sabré escuchar; que en nadie confío tanto como en mi oído pues mi lengua puede ser traicionera. Toma mi mano y guíame ante lo desconocido, que no puedo hacer otra cosa que seguirte. Pero por favor ya no seas tan dura conmigo, que a los golpes todo deja de funcionar.
Por: Nathaly C. Posada
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